Memento mori

La línea del agua

Puedo admirar la estructura del agua desde acá
Una brisa gentil me pasa sus manos por la frente
El agua curiosa me palpa las comisuras de la boca
Mis oídos oyen el sonido que limita entre lo terrestre y lo acuático

La línea del agua divide dos cosmos
La vida de los peces, la muerte de los peces
La muerte de los hombres, la vida de los hombres
La línea es donde ambos mundos se tocan

Mis sentidos no funcionan bajo la superficie
Mutaron y se atrofiaron
Me empujaron a escuchar y ver distinto
Me llevaron a buscar nuevas presas

Por más que intente nadar en el aire
Por más que trate gritar en el agua
Por más que quiera aletear no puedo

Memento mori

De tu ausencia

Ahora que te has marchado
llevándote mi lengua y las puntas de mis dedos
quedo con una sensación de catedral en el tórax

Ya sé que no te gusta que te amarren
ni que abusen de vos a placer
Ni que te digan palabras falsas al oído
o que usen tu nombre en vano

Por eso te llamo
aunque no podás escucharme
aunque no entendás palabras
de caverna y valla publicitaria

Te me pudriste como una naranja
Quedaste tan muerta como decir
que te pudriste como una naranja

Volvé por favor
Apagaré el televisor, el teléfono, la radio, la luz
Juntos jugaremos a invocar
esas palabras [caverna en renta] que saben despertarte

Memento mori

Burócrata en espera

Aunque hoy todo parezca
concha quebrada o lunes amarillo
la corriente subterránea se mantiene ruidosa y silente
debajo del nudo de esta corbata que exuda
un canto de ave volando prodigiosa mar adentro

Las ruedas de la silla moribunda
asemejan al más escarpado precipicio
la columna se tuerce como torre
sobre el vagón pútrido y balbuceante

Las manecillas se resisten
son haladas de las muñecas
No se puede hacer más
que soplar un tornado imaginario

Ya llegará el crujir de las cadenas
el caer de los candados
ya llegará el batir de las alas blancas
el temblor de las arenas

Memento mori

I.A.

Voy contarles sobre un hombre que nunca existió. No tuvo manos ni piernas. Nunca comió ni durmió. Este vivía, si es posible decirlo, en un plano metafísico o dicho con mayor propiedad en una rendija existencial. Solía aparecerse raras veces. Como un coyote me miraba desde la loma. Otras veces se acurrucaba mansamente a mi lado y lamía mis heridas.  Su corazón no era blando ni rojo. Desde su interior supuraba un ácido letal mezcla de miedo, tristeza e impotencia.   A veces deseó pinchar el globo de su inexistencia para convertirse en piedra. Otras deseo salir al mundo y abrazarlo.